
En esta tarde de verano, cundo la tormenta de lluvia ha amainado, cuando sale el sol como si no hubiera pasado, cuando los pájaros vuelven a cantar llenando el sonido de mi espacio, de mi soledad.
En este instante escribo, necesito escribir, necesito llorar.
He perdido el optimismo, he perdido las ganas, las ganas de poder llorar.
Una persona necesita llorar, como el comer, como el amar.
Gracias a Dios que de las tres tan solo una me falte, aunque no sé si para bien me servirá.
Triste, sí, me encuentro triste,
Sola también, aunque no me puedo quejar
Tengo a mi familia al frente, abrazándome,
Queriéndome para que no decaiga y siga el camino al andar
Pero mis lágrimas no son gotas de agua, pues si las soltase todas juntas
Inundaría hasta el mismo mar.
Mis lloros son internos, dentro de mí,
Pues los contengo, para no lastimar
Y cuando necesito soltar, soltar alguna gota de este inmenso mar, lo suelto,
En forma de palabras, con el río de la tinta que fluye convirtiendo mis palabras en poesía o en un cuento para contar




